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Estas plantas extinguidas, en las localidades
de las que provienen estos ejemplares, nos recuerda que los herbarios
no son sólo un repertorio de la flora actual, sino también una
crónica de especies vegetales ya desaparecidas. Así, la expansión
de las ciudades supone un cambio irreversible en el uso del territorio.
Antiguos testimonios de herbarios nos muestran, por ejemplo, que
en la Vall d'Hebron había fresas (Fragaria vesca) o que los candiles
(Arisarum simorrhinum) se encontraban en Montjuïc.
Hace ya muchos años que nadie recoge castañas
de agua (Trapa natans) en Cataluña. Podían encontrarse en los
estanques de Sils, hoy completamente desecados, y en los pantanales
del Empordà. Tampoco es posible estudiar en su localidad clásica
una orquídea dedicada al Dr. Trèmols (Epipactis tremolsii), que
fue descrita en el cerro de Montcada, actualmente completamente
transformado por la producción de cemento.
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