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Los líquenes son hongos que han conseguido
librarse de las dos necesidades que más los limitan: la de materia
orgánica (sustrato nutritivo) y la de agua. A principios de la
era Primaria, algunos grupos de hongos empezaron un fascinante
proceso evolutivo: asociarse con organismos fotosintetizadores
(algas) capaces de fabricar materia orgánica, e interrumpir su
actividad vital durante los períodos secos.
Este fenómeno evolutivo es un buen ejemplo
de simbiosis. Su éxito adaptativo, ya que no extraen alimentos
del medio porque viven de los que les pasa el alga, les ha permitido
colonizar medios muy inhóspitos, como la superficie de las rocas,
cortezas, suelos áridos o helados, etc. Su evolución tan larga
y exitosa ha conducido a una multiplicación y diversificación
en más de 17.000 especies. Su atractivo estriba también en su
belleza, variedad e impacto cromático. La mayoría de ellos resisten
mal la contaminación, siendo pues buenos indicadores de la calidad
de los ecosistemas.
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