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Este anteojo, para observar el paso de los
astros por el meridiano de Barcelona y determinar con precisión
la hora, fue utilizado de 1896 a 1925 en el observatorio del terrado
de la Reial Acadèmia de Ciències i Arts de Barcelona, en su sede
de la Rambla. Esta Academia (fundada en 1764) fue encargada a
finales del siglo XIX de fijar la hora oficial de Barcelona. Gracias
a la precisión de sus relojes y de sus observaciones astronómicas,
Barcelona era uno de los puertos de referencia para poner a la
hora los cronómetros marinos de los barcos que recalaban en él.
Actualmente, la posición de los barcos es
indicada automáticamente mediante las señales enviadas por una
red de satélites
geoestacionarios, que miden el tiempo con relojes atómicos
de extrema precisión.
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