| Publicació d'un llibre sobre la mobilitat a la Península Ibèrica amb SIG |
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| Wednesday, 13 October 2010 | |
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El llibre "Historia de la movilidad en la Península Ibérica. Redes de transporte SIG" es pot acoseguir directament a través de l'editorial de la UOC en format electrònic. Introducción El tema de la movilidad resulta por numerosas razones, un tema de acuciante actualidad en nuestro país. Tanto el desarrollo de nuevas líneas de Alta Velocidad ferroviaria como la construcción de autovías y nuevas terminales de aeropuertos han vuelto ha modificar de forma ostensible la capacidad de movimiento de la población española. Pero, ¿son estos cambios realmente adecuados para las necesidades económicas y sociales de nuestra población?, ¿realmente se han modificado tanto los flujos de movimiento con las nuevas infraestructuras?, o más bien mantenemos una inercia en la forma que se han desarrollado tales infraestructuras, sin cuestionarnos las ventajas ni inconvenientes de determinados proyectos. De hecho, el tema de la movilidad no es nuevo, por el contrario es un ámbito que ha preocupado a la humanidad desde antiguo; y que representa esencialmente la posibilidad de desplazar personas y mercancías por un territorio, superando las dificultades orográficas y las distancias aprovechando las ventajas de los distintos medios de transporte al alcance. En función de las condiciones orográficas de un país, y de cómo ha desarrollado sus infraestructuras y transporte, su sociedad ha podido disfrutar de mejores condiciones de desarrollo económico y social, así como buscar una mayor complementariedad entre territorios y comunidades. En cada periodo, se han buscado soluciones a estos condicionantes físicos con el desarrollo de infraestructuras de puertos, construcción de vías, puentes, canales y en el desarrollo de los medios de transporte. Aún así, se ha argumentado que una de las razones de las crisis de “Hacia 1800, España se encontraba en un serio dilema, por no decir insoluble, debido a que el tradicional sistema de transporte en el interior del país había alcanzado los límites de sus posibilidades. La moderna tecnología europea de la época ofrecía como alternativa las carreteras empedradas por las que circulaban los carros de carga y los canales para las gabarras de entonces.” Desafortunadamente, la mayoría de ríos de Por el contrario, en el siglo XVIII el gobierno dedica un amplio programa para la construcción de carreteras reales que no tendrán nada que envidiar a otros países europeos, con anchuras de “…la construcción de carreteras es lenta porque necesitan muchos puentes y los ingenieros tienden a sobrestimar la nivelación y el trazado recto, de tal modo que los primeros tramos de la carretera empiezan a deteriorarse antes de que se haya concluido la obra.” (Swineburne, 1779, 71) Otro cambio novedoso del siglo XVIII es la estructura radial de la red viaria, que tiene en Madrid su único centro, imitando de esta manera la red viaria francesa[1] que se centralizaba en Paris. El proyecto nace en el reinado de Felipe V con su Reglamento general expedido por su Majestad en 23 de abril de 1720 para la dirección y gobierno de los oficios de correo mayor, y de Postas de España, en los viajes que se hizieren, que plantea esa nueva estructura viaria que llevaran a cabo sus sucesores. Los ilustrados de la época como Bernard de Ward (1779) consideraban que la modernización del país pasaba por crear 6 caminos grandes que comunicaran Madrid con la periferia: “Necesita España de seis caminos grandes, desde Madrid a Este modelo radial ha tenido numerosos detractores, que veían en el trazado un divorcio entre las necesidades económicas de transporte del país respecto a las exigencias administrativas, estratégicas y políticas que sólo interesaban al Estado. Entre ellos un ilustrado como Jovellanos (1794)[2] que consideraba que el trazado radial no mejoraba la comunicación entre centro y periferia, sino que facilitaba el abastecimiento de Madrid por su área circundante. Entre 1700 y 1500 se emplea básicamente la red de transportes medieval, y sobre todo romana, en un lamentable estado de conservación ya que el Estado no se hace responsable de su mantenimiento ni de construcción ni tan sólo planificación. Todo se deja en manos de los municipios, que de forma puntual resuelven problemas del piso de las calzadas y construyen los puentes necesarios (Madrazo, 1984, 18). El estado de conservación de las vías es tal que escasean los caminos de rueda, aptos para el transporte de carros de mercancías, y predominan los de herradura para animales de carga. Cuando llovía los caminos se convertían en impracticables. De Villuga (1546) documenta una red viaria de aproximadamente [1] Seguramente en ningún momento se tuvo en cuenta las condiciones orográficas del país y que Francia disponía de una importante red fluvial navegable complementaria a las calzadas. [2] Fue subdelegado de caminos en Asturias (1792) para acelerar las obras de la carretera de León a Gijón que se habían iniciado en 1771, y que pretendían acabar con el aislamiento de Asturias, si bien la falta de fondos imposibilitó su final. |
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