Historia de los Reyes de Britania (Geoffrey de Monmouth)

Monmouth, Geoffrey de: Historia de los Reyes de Britania (edición preparada por Luis Alberto de Cuenca) Editora Nacional. Madrid, 1984. [Biblioteca de la literatura y el pensamiento universales, 61]. I.S.B.N.: 84-276-0671-0. Traducció de Luís Alberto de Cuenca [traducció del text llatí fixat per Edmond Faral en el tom III de la seva Légende arthurienne, París, 1929 (=1969), pàgs.71-303]

Capítol VI: LOS GRANDES DÍAS DE LA HISTORIA DE BRITANIA (2. ARTURO)

"Arturo, por su parte, se reviste de una loriga digna de rey tan grande; se ajusta a la cabeza un yelmo de oro, con la cresta tallada en forma de dragón, y a los hombros su escudo, llamado Pridwen, sobre el que está pintada una imagen de la Santísima Virgen, madre de Dios, para tenerla siempre presente en la memoria; se ciñe a Caliburn, la espada sin par que fue forjada en la isla de Avalón, y empuña con la diestra a Ron, su lanza, que es larga y ancha, y se encuentra sedienta de sangre." (pàg. 222)

"Ha transcurrido ya de ese modo la mayor parte de la jornada cuando Arturo no puede reprimir su cólera viendo que el enemigo se mantenía firme y que no terminaba de llegar la victoria; desenvaina su espada Caliburn, invoca el nombre de Santa María y se precipita en veloz ataque sobre las apretadas filas de los Sajones. El que prueba su filo no necesita ya otro golpe. Y no ceja en su esfuerzo, en el nombre de Dios, hasta haber dado muerte con Caliburn, su espada, a cuatrocientos setenta guerreros." (pàg. 223)
"Cuando Arturo ve su loriga y su escudo teñidos en su propia sangre, se enfurece y, blandiendo a Caliburn con todas sus fuerzas, la hunde a través del casco en la cabeza de Flolón, seccionándola en dos partes iguales." (pàg. 231)
"Arturo, recobrando el valor, logró escurrirse pronto de su abrazo y lo golpeó aquí y allá con su espada, no cejando hasta que hubo incrustado toda la hoja de Caliburn en la cabeza de su rival, allí donde la calavera protege al cerebro" (pàg. 249)
"Arturo, en efecto, informado de la matanza infligida a sus hombres, se había adelantado con su legión y, desenvainando a Caliburn, su magnífica espada, animaba a sus compañeros con grandes voces, diciéndoles: "¿Qué estáis haciendo, camaradas?" (pàg. 265)
"Y de nada servían sus armaduras cuando Caliburn, firmemente empuñada por la diestra de rey tan esforzado, los obligaba a vomitar sus almas al mismo tiempo que su sangre" (pàg. 266)
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