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Nace como una sede episcopal durante la época visigótica
(obispo Just, 527-47), y se mantuvo durante la invasión musulmana.
Su transferencia al dominio franco se debió producir hacia
el 785 y poco después fue arrasada por las tropas de Abd al Malik
(probablemente el 793) al volver de la incursión en Septimania.
La reconstrucción y el repoblamiento de la ciudad destruida dió
lugar a la formación de dos núcleos de población distintos:
la antiga civitas, renacida alrededor del castrum
o sea la fortaleza de defensa, y el vicus Urgelli, suburbio
civil surgido alrededor de la catedral de Santa María, consagrada
en el 839. El primer núcleo, Castellciutat, pasó
a ser la residencia habitual de los condes de Urgel hasta su traslado
de la capitalidad a la ciudad de Agramunt y a Balaguer (1105); el
segundo núcleo, se convertió en el centro del obispado.
En el 988 el conde Borrell II de Barcelona-Urgel, en virtud de
una permuta de bienes situados en la Cerdanya y el Berguedà, cedió
sus derechos dominicales sobre la Seu al obispo Sal·la y a sus sucesores.
Los siglos XI y XII marcan la época de mayor esplendor de
la ciudad episcopal, con la construcción de una nueva catedral,
iniciada por el obispo Ermengol (1010-35) y consagrada por Eribau
(1036-40).
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