| "...esta arquitectura
pesada y grosera es el opus romanum desnaturalizado,
o sucesivamente degradado por nuestros rústicos antecesores.
Entonces, también de la lengua latina, igualmente maltratada,
se hacía una lengua románica..." |
Con estas palabras el arquitecto M. de Gerville, el 1818, aplicaba
por primera vez el nombre de románico a una determinada arquitectura,
relacionándola con las lenguas románicas y el mundo
romano (por la bóveda y los gruesos muros).
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St. Pere de Graudescaldes, s.X |
Actualmente, definimos el arte románico como el conjunto
de manifestaciones artísticas que se realizan en el occidente
europeo entre los siglos X y el XIII (con notables diferencias cronológicas
y estilísticas entre las diferentes regiones). A menudo,
para definirlo, se contraponen sus arcos de medio punto
y las bóvedas de cañón, a los arcos apuntados
y a la bóveda de crucería del gótico, con lo
que se otorga el protagonismo de la expresividad artística
a la arquitectura. El arte románico se nos presenta como
el lenguaje estético de la sociedad feudal: es un arte monástico
y aristocrático. Clericalización de la cultura y predominio
de la fe sobre la razón, daban a la Iglesia el derecho de
establecer de forma autoritaria e incuestionable los principios
orientadores y los límites de la cultura. El arte, considerado
como una extensión del servicio divino, adoptó los
principios de autoridad, jerarquía y teocracia, y los tradujo
en una visión deshumanizada, antinatural y simbólica
de la realidad. Los espacios arquitectónicos y los ciclos
iconográficos que recubren los muros de las iglesias, nos
recuerdan que el ser humano está sujeto a una autoridad suprema,
asociable a Dios, y, de rebote, al conde, abad o emperador (de aquí
el símbolo apocalíptico de justicia inapelable y terror
latente); que el mundo está ordenado por Dios, y no nos podemos
rebelar contra el orden establecido (escena del pecado original);
que, en caso de rebelión, el hombre será juzgado severamente
y privado de sus derechos; que la salvación del 'hombre",
condenado por sus culpas, tendrá lugar en el más allá,
donde sólo podrá implorar. Y considerando que el hombre
es un ser creado por Dios, todo lo que tiene de bueno lo debe a
su Señor: lo que tiene de malo, los sufrimientos, es una
consecuencia de sus pecados. Esta ideología potenciaba la
imagen que el hombre es reo de una vida alienada, y que no podía
hacer nada si no era con la ayuda del Señor.
Por todo ello, el arte románico se nos presenta como una
teofanía, una manifestación de la presencia de Dios.
Es Él quien va al encuentro del hombre y le impone su poder.
Por este motivo, la concepción espacial de la arquitectura
románica está obsesionada en la definición
de un espacio interior, protegido, cerrado al exterior, en el que
el hombre, un hombre acobardado, temeroso, se acerca a un Dios omnipotente
y castigador.
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